La parte quieta del jardín
Aflora, en el sopor-cultura de la imagen, su fecunda espesura sonora, vivo atentado -atento- a ese desgarro visceral que lo bello provoca. Lo bello traducido, lo corporal adiestrado, el efecto imbatible de un juego previo que genera cierto marcado, casi como escritura marginal.
En esta lumbre de viento, en la llama que desconcierta por ser memoria de coraje infantil, María acelera su cuerpo, trabaja para volver al reposo.
Sus espesores niegan la superficie y ocultan la levedad de aquello que soportan: ¿es que un rumor acaso, puede ser arrullo?
La fobia al claustro es vencida: recorta, pega, ondula.
Abre el palacio, la trampa.
Brinda datos, deposita indicios: detonaciones mínimas que inhiben la posibilidad de la mensura.
La degradación de lo orgánico, lo clausurado del espacio, el color que ilumina -aún desde la sombra-, lo matematizado del sentimiento, el cisne soñado como medusa, el discurso afásico frente ante los asustados venados del desierto.
Pliega como plegaria y por momentos saquea lúdica (y lúcida) creando nuevas áreas de sentido.
María ha aprendido a pensar de nuevo, ha integrado íntimamente aquello que siempre sospechó: al número lo rodea un gran vacío.
Texto: Pablo Cortondo
Artista: María Coccia
Muestra “Hiato”
Espacio: Sala Frey, Bariloche
Fecha: Octubre/noviembre 2010
