Entrevisiones abisales
Desde su gestación la obra es evidencia: impone el absoluto de estar siendo.
Y a la vez, en lo focal de la visión está presente lo que la mirada omite. Pues quizá sea ese el proyecto: que la armonía visible sea sobrepasada por la armonía escondida.
En la pintura de Sofía Courtaux se diluye el lenguaje. El soporte es límite y no permite incluir la totalidad de un solo plano. Con hábito de silencio, la meditación y la suspensión del color descargan sentidos. Aluden a la huella cifrada de lo escrito, que por ser incisivo contraste de materia, resplandece.
Es esta cautelosa inocencia la que juega con lo visto hecho fragmento. Perpetuo inicio hacia la misma brecha donde nada permanece claro, la figura es sospecha.
A pesar de la pureza –cercana a la certidumbre– que aparenta la obra, la dispersión de signos y grafías, la encrucijada permanente que señalan, marcan lo provisorio de donde provienen: la base sensible de la experiencia.
Como visión reiniciada el gesto se vuelve sobre si mismo, no en un juego de encastre, sino en una topografía pictórica donde el texto es el fragmento mismo, manifestación de la intensidad: plenitud y vacío. El espacio, conciencia saturada de tiempo, es orden y desorden simultáneos.
El uso del color subraya la sutileza exasperante de lo dicho: blanco y negro, opuestos pendulares de un tiempo infinito. A esas orillas llegan formas. Vestigios de una tensión entre la bruma de un gesto adquirido y la supresión unitaria. Acude entonces, la espontaneidad del vacío: el vacío como sorpresa.
La reversibilidad del título de la muestra comunica la clave que reviste todo hacer: yo, pero también alteridad, ritual pero también mecánica metatextual.
O como diría la propia artista: la pintura, es materia vivida.
Texto: Pablo Cortondo
Artista: Sofía Courtaux
Muestra “Orden posible en un caos aparente / caos posible en un orden aparente”
Espacio: Sala Frey, Bariloche
Fecha: Febrero de 2005
