Ronda
por Lic. María Laura Ferrari
El círculo protege limitando. Juego dialéctico donde cada síntesis produce un nuevo nombre e instaura lo humano. Un símbolo, una voz, un antepasado trasmuta en cada uno que ya es otro. Este campo potencia el devenir. Despierta lo múltiple: rezo, alarido, sonido, pantomima, danza, trazo, grabado. La creencia genera imágenes de todo tipo. Así, aparece lo que luego se llamará arte: una intensidad rescatada por el artista en las más diversas formas o estancias.
La poesía del siglo XIII forja el término “stanza” para designar la morada de la poesía. Este habitáculo -irreal- posibilita engendrar, generar, produciendo nuevos símbolos. Lo idéntico pierde su mismidad en las revoluciones del nombre. La ronda gira conmoviendo los sentidos. La poética no es estilo sino ritmo energético, variaciones pulsátiles del pensamiento salvaje.
El vacío central funda las coordenadas del mundo y su habitabilidad. Las cartografías no son lineales sino transfiguraciones del cuerpo en diálogo con el espacio. La ronda devuelve la experiencia al hombre y su encarnadura. Desde la institución colectiva, cada hombre presiente un precipicio.
Toda imagen ofrece enigmas o desgarraduras de sentidos. Solicita presencia al espectador. Una meditación entusiasta, alguna expectativa pendiente, un permiso de metáfora. Dinamograma de las trayectorias energéticas de la memoria.
La dispersión estilística no es impericia: es una emergencia del pulso. Rastreo indicial de otras rondas, modalidades ajenas del hacer a fin de armar interrogantes.
Nueva manera de re-presentarse la ausencia. Desplazamiento de la techné hacia la incertidumbre del lenguaje. Rodear implica reconocer un intersticio entre la palabra y sus fantasmas, delata lo tangente de la huella, lo fragmentario de nuestra mirada. Las marcas del aura dinamitan la tela, proponiendo la pérdida como axioma, lo residual como material privilegiado, el proceso como obra, la meditación ante la pulcritud operativa.
Nos enfrentamos entonces a la promesa de la ilusión. Señalar esa fuerza oscura -habitante de las imágenes- es un acto político. El encuentro entre lo profano y lo sagrado cuestiona la secularización de las prácticas.
En la obra de Pablo Cortondo, su accionar ritual invoca la potencia viviente y no al mercado, la paradoja ante la lógica, lo sentido ante lo homologado. Un frágil sistema de contacto ante la asepsia del cálculo.
Texto: Lic. Maria Laura Ferrari
Artista: Pablo Cortondo
Muestra “Ronda”
Espacio: Sala Hotel Cacique Inacayal
Fecha: del 24/02/2012 al 10/05/2012
